<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-28811016</id><updated>2011-12-28T23:38:54.421-08:00</updated><title type='text'>ERASE UNA VEZ UN SABIO</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://eraseunavezunsabio.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28811016/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eraseunavezunsabio.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Jorge</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_FgRNHFOhNsk/SuLCUGSv1lI/AAAAAAAAAUA/NPQ70sw4AnA/S220/Imagen+51313.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-28811016.post-114868710255551806</id><published>2006-05-26T16:12:00.000-07:00</published><updated>2006-05-26T16:45:02.580-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/387/1647/1600/Imagen%20172a.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/387/1647/320/Imagen%20172a.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Érase una vez un lugar donde concurrían todos los caminos del mundo. Justo en ese punto existía una cabaña donde vivía un sabio. El sabio ofrecía comida y cama a cambio de que la gente que por allí pasara le contara la historia de su viaje.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ra&lt;/span&gt; un día frío cuando llegó un hombre de mediana edad, delgado. Sus manos temblaban y sus ojos no paraban de moverse.&lt;br /&gt;—Hola, sabio. Vengo de muy lejos. He sufrido muchas penalidades para llegar hasta aquí. Gran sabio, necesito que me ayude a encontrar respuestas. Muchos me han hablado de usted y…&lt;br /&gt;—Tranquilícese, amigo, ya ha llegado donde quería llegar. Si viene de tan lejos y ha sufrido tanto, necesitará descansar. Yo le ofrezco hospedaje. Puede dormir aquí, junto al fuego.&lt;br /&gt;—Gran sabio, no necesito dormir. No he venido para peder el tiempo sino para escuchar sus lecciones y aprender de sus conocimientos.&lt;br /&gt;—Solo hay dos cosas necesarias para vivir: dormir y comer. Sin ellas no puede hacerse lo demás. Yo le brindo las dos. A cambio usted deberá contarme la historia de su viaje. Pero eso será mañana. Ahora debe descansar. Buenas noches, amigo.&lt;br /&gt;Y sin una palabra más, el sabio se retiró a su cuarto. El hombre estaba contrariado. Había atravesado selvas, cruzado desiertos y escalado montañas con el único objetivo de llegar a la cabaña del sabio. Había soñado con este momento todos los días y ahora que por fin había alcanzado su meta el sabio le hablaba de comer y dormir. La reacción del sabio le decepcionó enormemente y pensó que si no era capaz de darle lo que necesitaba no merecía ni el sobrenombre de sabio ni gastar su valioso tiempo con él. Cogió su mochila y se largó. Le habían hablado de un mago que moraba en una cueva. Quizás el mago tuviera más consideración hacia él y podría despejar todas sus dudas.&lt;br /&gt;Cuatro años después, y tras haber visitado al mago, regresó a la cabaña del sabio.&lt;br /&gt;—Hola, sabio. Vengo de muy lejos. He sufrido muchas penalidades para llegar hasta aquí. Gran sabio, necesito que me ayude a encontrar respuestas. Muchos me han hablado de usted y…&lt;br /&gt;—Bien, amigo, dígame ¿dónde ha estado todo este tiempo? Se marchó sin despedirse.&lt;br /&gt;—Estaba buscando respuestas y usted no me las dio. Por eso me fui. Encontré a un mago y creí que él me las daría pero tampoco pude aprender nada. Simplemente me ofreció un plato de sopa. Durante dos días le hice preguntas y más preguntas pero él se mantuvo siempre en silencio. Entonces volví aquí.&lt;br /&gt;—¿Y si hace cuatro años no aprendió nada de mi porque cree ahora que va a ser diferente?&lt;br /&gt;—No lo sé, pero necesito conocer el sentido de la vida y la muerte, el por qué de las guerras, el significado del amor, la gran verdad de todo…Necesito tantas respuestas.&lt;br /&gt;—La desesperación solo tiene dos salidas: una es la locura y otra la paciencia. Pero eso no importa ahora. Hábleme de sus viajes. Cuénteme. ¿Qué paisaje le ha fascinado más?&lt;br /&gt;—Bueno, no sabría decirle. No he tenido mucho tiempo como para contemplar los paisajes. Cuando tengo un objetivo solo pienso en conseguirlo.&lt;br /&gt;—Pero habrá conocido a mucha gente interesante.&lt;br /&gt;—No, tampoco. Estaba demasiado ocupado en elegir el camino más adecuado para llegar cuanto antes hasta usted. La verdad es que solo sentí satisfacción cuando llegué a su cabaña.&lt;br /&gt;—Entonces ha tenido que ser un viaje muy duro.&lt;br /&gt;—Sí, sin duda.&lt;br /&gt;Un largo silencio se hizo en la cabaña. El hombre pensó por un momento que ese silencio era el preludio del gran discurso del sabio en el que por fin descubrir la GRAN VERDAD. Sin embargo, el silencio se hizo cada vez más y más largo y, horas después, el sabio solo abrió la boca para dar las buenas noches. A la mañana siguiente, el hombre ya no estaba allí.&lt;br /&gt;Durante años vago por el mundo, buscando y encontrando supuestos magos, genios, curanderos, chamanes, druidas, brujos, pero ninguno de ellos le dio las respuestas que necesitaba. A pesar de todos los desencuentros, nunca perdió la fe y pensó que en algún lugar existiría alguien capaz de ayudarle. De este modo, la vejez fue apoderándose de su cuerpo. Su andar fue haciéndose cada vez más lento y necesitado de largos descansos. Solo así podía recuperar el aliento y continuar. Y fue en los descansos donde aprendió a ser paciente. Y fue en la paciencia de los descansos donde aprendió a mirar más allá de su objetivo. Y en la paciencia de los descansos, mirando más allá de su objetivo, fue donde aprendió que LA GRAN VERDAD era el camino que recorría cada día, los paisajes por los que pasaba sin mirar, la gente con la que se cruzaba y no hablaba. Y fue así como aquel hombre olvidó su objetivo y se hizo viajero.&lt;br /&gt;Muchos años después llegó de nuevo a la cabaña del sabio y tras comer y echarse una siesta, sonrió, fue feliz y comenzó a contar la historia de sus viajes al sabio, que sonrió, fue feliz y comenzó a escuchar al viajero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;E&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ra una tarde lluviosa cuando llamó a la puerta de la cabaña. No era un hombre normal. Sus ojos hablaban de soledad obligada, de una vida bohemia llena de aventuras, lejos de la seguridad del rebaño. Tenía la mirada del que busca lo que no existe.&lt;br /&gt;—Hola, amigo. ¿Desea una sopa caliente y una cama para descansar?&lt;br /&gt;—Sí, se lo agradezco.&lt;br /&gt;Los dos comieron en silencio. Ninguno se sintió incomodo. Al terminar, se sentaron junto al fuego.&lt;br /&gt;—¿Qué busca, señor? –preguntó el sabio.&lt;br /&gt;—Busco la libertad.&lt;br /&gt;—¿Buscar? Lo dice como si no la hubiera encontrado.&lt;br /&gt;—Es que no la he encontrado.&lt;br /&gt;—Pues está aquí, con nosotros. Cada segundo que pasa usted y yo la estamos utilizando. Usted es libre de hablarme o no, de ser cortés o maleducado. Ahora mismo usted puede coger esa silla y estampármela en la cara.&lt;br /&gt;—Sí, esa libertad… la conozco, pero no es la libertad que busco.&lt;br /&gt;—Entonces la libertad que busca es la libertad del solitario y, desengañase, nunca la encontrará.&lt;br /&gt;—¿Por qué?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;—Porque nunca conseguirá estar solo. La libertad del solitario es la más salvaje de todas las libertades y al mismo tiempo la más solidaria y por eso mismo no existe. Se suele pensar que el solitario es una persona egoísta y en realidad es eso y todo lo contrario. El solitario quieres ser libre en sus actos, quiere que sus decisiones, sus palabras, sus silencios no afecten a quienes le rodean pero tampoco le gusta que las opiniones de los demás le afecten. Por eso huye hacía sí mismo porque no quiere contaminar ni que lo contaminen porque no quiere hacer daño ni que le dañen. El precio a pagar por la verdadera libertad es la soledad y la soledad es una extraña y vertiginosa caída sin fondo y digo extraña porque, en vedad, nadie está solo.&lt;br /&gt;—¿Pero entonces cómo uno puede ser libre entre tanta gente?&lt;br /&gt;—Imagine a todos las personas del mundo. Cada uno de ellos es una libertad. Ahora, imagine tan sólo a dos personas, dos libertades. Imagine que se encuentran en un desierto y que un vaso de agua se erige entre ambos. Imagine que uno de ellos está agotado, vencido por la sed. Lleva días sin beber y necesita agua. Mientras, el otro está tranquilo, colmado, no precisa beber, pero es consciente de que tarde o temprano aullará en el esa necesidad. Uno quiere beber y el otro quiere guardar para después beber.&lt;br /&gt;—¡Que la repartan a partes iguales!&lt;br /&gt;—¿Por qué, si la sedienta no desea compartirla? ¿Por qué si la quiere toda? ¿Por qué si necesita toda para poder vivir? Si de ese vaso dependieran sus vidas, si sólo una pudiera esquivar la muerte, pero que para ello tendría que beber hasta la última gota de agua. ¿Cuál libertad merecería el agua? ¿Cuál de las dos sería más digna de la vida? ¿La sedienta o la futura sedienta? Imagine ahora seis mil millones de personas, seis mil millones de libertades. Y nacieron las leyes, los jueces, los policías, las cárceles con el inútil propósito de repartir el agua, con el deseo de administrar la libertad entre todos los hombres. Es lo mejor que nos ha ocurrido a los hombres hasta ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;A&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;cababa de anochecer cuando llegó una mujer a la cabaña. Era muy guapa y se llamaba Penélope.&lt;br /&gt;—Sabio, ayúdeme. Los hombres siempre tratan de impresionarme. Muchos han dicho amarme, sin embargo sé que solo quieren poseer mi cuerpo. No puedo pasear por la calle sin sentir la mirada de todos los hombres clavadas en mi cuerpo. ¿Acaso no existe ningún hombre sensible? ¿Acaso ningún hombre puede fijarse en mi inteligencia? Estoy harta de mi cara, de mis pechos, de mis piernas. ¿Qué debo hacer, sabio?&lt;br /&gt;—Su obsesión es la obsesión de los demás.&lt;br /&gt;—No le entiendo.&lt;br /&gt;—Ya me entenderá. Ahora, cuénteme su viaje.&lt;br /&gt;—He venido con Raúl, mi novio. No ha querido entrar porque no cree en estas cosas. Está fuera, esperándome. Él me ha traído en coche. No recuerdo muy bien por dónde hemos venido, era él quien conducía.&lt;br /&gt;—¿Si su novio no cree en estas cosas porque ha venido con usted?&lt;br /&gt;—Ya sabe, una mujer sola…Siempre hay peligro. Además yo no tengo carnet. Y, claro, Raúl, no está dispuesto a dejar que vaya a estos sitios sola. No lo permitiría.&lt;br /&gt;—Su propio viaje, al igual que su vida, todavía no ha empezado.&lt;br /&gt;—Sigo sin entenderle.&lt;br /&gt;—Si de verdad quiere que lo hombres se fijen en su inteligencia deberá de ser más inteligente que bella. Y eso es difícil porque usted es muy bella. ¿Ve aquella montaña?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El sabio señaló a la montaña más alta del lugar.&lt;br /&gt;“Mañana iremos allí. Hay un sendero muy estrecho que sube hasta la mitad de la montaña. Justo donde termina el sendero existe una gruta y justo donde acaba la gruta hay un riachuelo y justo donde empieza el riachuelo hay una pradera. Mañana iremos allí”.&lt;br /&gt;—¿Pero y mi novio?&lt;br /&gt;—¿No ha dicho que él no cree en estas cosas? ¿Cree usted?&lt;br /&gt;Penélope y Raúl estuvieron discutiendo durante dos horas. Al final, Raúl se fue y Penélope entró en la cabaña desconsolada.&lt;br /&gt;—Mi novio me ha dejado.&lt;br /&gt;—Entonces ya ha dado el primer paso del sendero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía una mañana estupenda cuando el sabio y Penélope comenzaron a andar hacia la montaña. Ella se sentía libre. Apenas se acordaba de Raúl. Al fin y al cabo, era uno de tantos. No tenía importancia; era guapa y podía enamorar a cualquier hombre. El propio sabio le había dicho que era muy bella. Lo importante ahora era su inteligencia. Confiaba en el sabio y por eso caminaba con él hacia la montaña. Él sabio estaba contento al ir acompañado por una joven tan hermosa, pero también preocupado porque sabía lo que iba a hacer. Era la segunda vez en toda su vida que iba a llevar a una persona hasta la pradera.&lt;br /&gt;Tal y como dijo el sabio, cuando llegaron a la mitad de la montaña se adentraron en una gruta. Caminaron por lugares estrechos, pasaron por túneles interminables repletos de pasadizos y recovecos.&lt;br /&gt;—¿Hace mucho este camino, sabio?&lt;br /&gt;—No, es la tercera vez en toda mi vida.&lt;br /&gt;—Pues parece que lo conoce muy bien.&lt;br /&gt;—Conozco el olor del paraíso y el del infierno, solo eso.&lt;br /&gt;Al terminar la gruta se encontraron con el riachuelo y al remontarlo por completo hallaron por fin la pradera.&lt;br /&gt;—Penélope, te presento el paraíso y el infierno. Este lugar solo lo conocen tres personas: un hombre que ya murió, un servidor y ahora tú. Ve y camina por él. Yo estaré bajo la sombra de este árbol, esperándote. Quiero descansar.&lt;br /&gt;Penélope se descalzó y comenzó a recorrer la pradera. Todo era armonía y paz: margaritas, amapolas, rosas, moras, melocotones, hierba, pequeñas ardillas que parecían venir saludarla. Era extraordinario, no se parecía a nada de lo que hubiera visto antes. Era el aire, el ambiente, la temperatura, el paisaje…todo parecía estar concatenado en ese lugar y en ese mismo momento para que Penélope sintiera una paz que nunca antes había sentido. El sabio tenía razón: aquel lugar era el paraíso. ¿Pero por qué decía también que era el infierno? Al poco tiempo, se sentó y se quedó dormida con una sonrisa dibujando su rostro. Cuando despertó, respiró hondo y se sintió rejuvenecida. Decidió entonces volver al lugar donde dejo al sabio y al llegar vio que este no estaba. Lo llamó, lo esperó e hizo el amago de adentrarse en la gruta para buscarlo. Empezó a anochecer y el pánico se apoderó de Penélope. ¿Dónde estaba el sabio? ¿La había abandonado? ¿Y si ha tenido un accidente? Sin él no sabría volver jamás. La noche era agradable, pero Penélope no pudo conciliar el sueño. Hacía tiempo que no dormía sola, sin los brazos de un hombre protegiéndola. ¿De qué le servía ahora toda su belleza?&lt;br /&gt;Al día siguiente, el sol volvía a brillar, los pájaros cantaban y todo lo que rodeaba a Penélope parecía rebosar felicidad. Sin embargo, Penélope no veía ni sentía nada de eso. Estaba aterrorizada, bloqueada. Espero y espero. El sabio tendría que volver tarde o temprano. Era un sabio y los sabios son buenos; no van por ahí abandonando a la gente. Trataba de convencerse que aquella situación era pasajera y al final el sabio regresaría o alguien la rescataría. Así que siguió esperando y esperando. De vez en cuando, rompía a llorar. En ocasiones, gritaba de rabia pero nadie respondía.&lt;br /&gt;El sabio nunca regresó y nadie vino a rescatarla jamás. Así que Penélope tuvo que aprender a vivir sin la ayuda de nadie. Se dio cuenta que estaba prisionera en el paraíso y que justamente eso convertía aquel lugar en el infierno. Al principio, comía lo que encontraba en los árboles, fruta principalmente. Cuando llovía buscaba refugio en la gruta, aunque nunca se adentraba mucho por temor a perderse o a caer en alguno se sus pozos. Se hizo un pequeño colchón con hierba seca. Bebía y se lavaba en el riachuelo. Casi todas las noches, contemplaba el suicidio como una liberación de su situación. Recordaba lo feliz que era con Raúl, su último novio. Con él tenía todas la comodidades con las que una mujer pueda soñar. Su única misión era mantenerse guapa y a cambio recibía joyas, cenas, piropos, atención y amor. Sin embargo, esa era la única razón por la que había venido a ver al sabio: los hombres. Ahora ellos no podían ayudarla, ni darla consejos. En realidad, durante toda su vida tuvo a un rosario de hombres junto a ella, esforzándose para caerle bien, tratando de hacerle sonreír, resolviendo sus problemas, ocupando su tiempo libre y sacándole de su aburrimiento. Ahora solo existía ella y el infierno de la soledad.&lt;br /&gt;Poco a poco, fue aprendiendo que las plantas se recolectan simplemente observando, dando la vuelta a algunos troncos o rocas; que las mejores horas para pescar en el riachuelo eran por la mañana. Utilizaba el hilo de su ropa como sedal y las espinas de los propios peces como anzuelo, aunque durante bastante tiempo estuvo pescando a mano o, al menos, intentándolo.&lt;br /&gt;Observó las huellas, deyecciones, sendas que hacían los animales. La mayoría tenían hábitos muy regulares. Encontró sus madrigueras o sus sendas marcadas en el rocío de la mañana o en oquedades y galerías entre los matorrales. Poco a poco, supo como cazar y cómo crear trampas. Incluso llegó a domesticar una cabra que le daba leche todos los días. Comió lombrices, larvas, insectos, caracoles, culebras, ranas, lagartijas, raíces... Cuando no sabía si algo era comestible, primero lo probaba con la punta de la lengua y esperaba unos minutos. Si no notaba nada raro comía una pequeña porción y esperaba un día entero. Si su cuerpo no sufría ninguna reacción o dolor, entonces ya sabía que aquello era comestible.&lt;br /&gt;Fueron pasando años y más años y el infierno se fue transformando en un lugar habitable para Penélope, sin embargo se sentía sola, muy sola. Un día decidió empezar a explorar la gruta. Hasta entonces le había parecido un lugar inaccesible y misterioso, pero ahora confiaba más en sí misma. Se dijo que cada día recorrería alguno de sus pasadizos. Se inventó un sistema de señales con pequeñas piedras y huesos de animales para saber dónde había estado y por dónde debía regresar a la pradera. Con el tiempo la gruta se convirtió en su segundo hogar, pudiendo adentrarse en muchos de sus escondrijos sin temor a perderse. En uno de sus viajes por la gruta se introdujo por un pequeño agujero por el que apenas cabía. Cuando salió se encontró con una enorme cueva. En ella había herramientas de caza, madera almacenada, todo tipo de utensilios y un esqueleto. Penélope se acordó que el sabio la dijo que, a parte de ella y el propio sabio, solo una persona más conocía la pradera. ¿Sería este esqueleto el del hombre que ya murió? Para su sorpresa, las inmensas paredes de la cueva estaban repletas de palabras. Miles de palabras. Miles de frases adornando las paredes. ¿Qué demonios era aquello? Cada letra estaba esculpida a la perfección. Penélope comenzó a leer y lo que leyó fue su propia historia: un hombre, que como ella, había sido abandonado por el sabio y había tenido que luchar contra la soledad y la locura, que había tenido que aprender a sobrevivir.&lt;br /&gt;En las paredes relataba trucos para cazar y pesar, como hacer fuego, cuáles eran los mejores refugios, pero también pensamientos y reflexiones acerca de la soledad, la vida y la muerte.&lt;br /&gt;Cada día, Penélope, volvía a la cueva y leía unas cuantas frases. Las palabras le hicieron compañía y con el transcurso de los días empezó a sentirse extrañamente feliz. Era como si aquel esqueleto estuviera vivo y todos los días escribiera algo para ella. De pronto, una tarde cualquiera, sin más, miró hacia atrás; seguramente llevara años allí, sola, enclaustrada en una montaña sin salida, y se dio cuenta de todo lo que había aprendido. Penélope observó detenidamente la pradera y por segunda vez sintió que estaba en el paraíso. Al día siguiente, al despertar, la pradera seguía siendo el paraíso. Es entonces cuando lo entendió todo. Lo había conseguido, había transformado el infierno en el paraíso y lo había hecho ella sola. Nunca se había sentido tan fuerte, tan dueña de sí misma y con tanta libertad. Pensó que cualquier problema que se le presentara en la vida sería un juego en comparación con esto. Se adentró en la gruta y, guiada por el instinto de quien conoce el paraíso y el infierno, encontró el sendero de salida, con el sendero encontró la montaña y con la montaña la cabaña del sabio. Abrió la puerta, se acercó al sabio y lo besó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;ino en una moto. Era mediodía cuando abrió la puerta de la cabaña.&lt;br /&gt;—Así que usted es el sabio. Pensé que iba a ser más difícil encontrarlo. ¿Y ahora qué?&lt;br /&gt;—Si usted quiere puede contarme su viaje.&lt;br /&gt;—No hay mucho que contar. Ha sido un viaje sencillo, sin curvas, todo por autopista, buen tiempo. Ha sido fácil, un poco aburrido.&lt;br /&gt;—¿Por qué vino por la autopista? Usted sabrá que todos los caminos pasan por aquí.&lt;br /&gt;—Claro, pero la autopista parecía el modo más seguro de llegar. Si hubiera elegido otro camino quizá mi moto se habría quedado sin gasolina y es difícil encontrar gasolineras por los caminos.&lt;br /&gt;—Aún le quedarían sus pies.&lt;br /&gt;—Pero podría haberse echado la noche y no encontrar ningún sitio para dormir.&lt;br /&gt;—Para dormir solo hace falta tener sueño.&lt;br /&gt;—Pero unos bandidos podrían haberme asaltado.&lt;br /&gt;—Bueno, la moto no tiene gasolina, así que como mucho le habrían dejado sin ropa.&lt;br /&gt;—Pero entonces tendría que ir desnudo y podría morir de frío.&lt;br /&gt;—No lo creo. La gente se escandalizaría y enseguida llamaría a la policía.&lt;br /&gt;—Pero entonces me meterían en la cárcel por escándalo público.&lt;br /&gt;—No sería por mucho tiempo si les cuenta la verdad.&lt;br /&gt;—Pero entonces aún no habría llegado a su cabaña.&lt;br /&gt;—¿Y para qué quiere llegar a mi cabaña si no tiene nada que contarme?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/28811016-114868710255551806?l=eraseunavezunsabio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://eraseunavezunsabio.blogspot.com/feeds/114868710255551806/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=28811016&amp;postID=114868710255551806' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28811016/posts/default/114868710255551806'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/28811016/posts/default/114868710255551806'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://eraseunavezunsabio.blogspot.com/2006/05/rase-una-vez-un-lugar-donde-concurran.html' title=''/><author><name>Jorge</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://4.bp.blogspot.com/_FgRNHFOhNsk/SuLCUGSv1lI/AAAAAAAAAUA/NPQ70sw4AnA/S220/Imagen+51313.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
